16.4.09

Al tango no hay con qué darle. Homenaje al “Café de los maestros”



Al tango no hay con qué darle. Homenaje al “Café de los maestros” (film estrenado en agosto de 2009 en Buenos Aires)
Lidia Ferrari

Esta música popular llamada tango llega al Teatro Colón, el lugar por excelencia
de la música culta, de la mano de un músico que ama la música y no se detiene a
pensar en las diferencias entre música culta y popular. Pues la música, la
buena, puede ser popular y llegar a todos, a aquellos que aman la complejidad y
la simpleza, en fin, la riqueza de una música, el tango, música a la que “no hay
con qué darle”, como dice uno de los protagonistas de la película.

“Café de los maestros” es una película necesaria. Disculpas por apelar a este
lugar común, que casi no dice nada. Es necesaria para el reconocimiento de la
calidad musical de un género y de sus hacedores, necesaria para la difusión de
eso que está allí escondido, soterrado, opaco para cierto brillo mediático, de
este mundo que nos habita en los medios de comunicación y que fabrica fantoches
famosos, que desperdicia luces en quienes cuyo único mérito ha sido el de
exponer su cara a una cámara. Porque hay otros. Otros que tienen brillo propio.
Esos que no necesitan luces de neón para iluminarse e iluminar. Los que tiene
brillo propio alumbran la oscuridad. Irradian luz a su alrededor. Eso es lo que
logra la película de Kohan-Santaolalla. Filmar a aquellos que con su propia luz
pueden esparcir, allende los mares de los cafés rioplatenses, la pasión que la
produce. Estos maestros que poseen la eternidad de la riqueza musical más
compleja y la perenne autenticidad de lo que se canta, de lo que se toca en la
casa, en el patio, en el club de barrio.

La película no fue necesaria para producir estos talentos, ni para desplegarlos,
ni para dar trabajo a quienes allí se reconocen. Es necesaria para que esta luz
sea expandida a otros lugares donde no llegaría sola. Porque para hacer lo que
hicieron no importaba si no tenían para pagarse el colectivo de la Boca al
Centro.

Es una película necesaria para ver a esos maestros, que son grandes porque
derramaron talento, trabajo, música, pasión, emoción a los cuatro vientos por el
intenso deseo de hacerlo. Es una película necesaria para mostrar lo que ellos
son. No hay egoísmo ni competencia vana, sólo generosidad. Los maestros se
reconocen no por su vanidad sino porque aman, por sobre ellos mismos, eso que
hacen, el tango, esta música que “no hay con qué darle”. La pasión y el talento
desbordan nobleza. La emoción que nos produce escuchar lo que hacen y dicen, no
tiene precio. Y ellos lo saben. Dice Carlos García en la película: “quien al
tocar un tango no sienta un estremecimiento en el corazón que se dedique a otra
cosa”. Lo que hacen es emoción pura. No lo hacen por dinero. Eso viene después.
O no viene. Da igual. O no, pero no importa demasiado.

Para los que conocemos a estos maestros y sabemos de su trayectoria, y los
amamos y los gozamos todo lo que podemos, Santaolalla ahora es necesario para
compartir la emoción de otra pequeña obra de arte: la película. La película que
sólo muestra algo que está allí. Simplemente. Hay que verlo, hay que saber
verlo. No es desmerecimiento de la dirección de la película. Es reconocimiento
de que el valor supremo de la película es saber narrar lo que ya está narrado.
Lo que ya está allí, sólo esperando que alguien lo vea y lo capture para
nosotros.

La modestia y la generosidad de los maestros que allí fueron reunidos se duplica
en la modestia y generosidad de la película. Ninguna vanidad, ninguna
exaltación, ninguna idolatría. Sólo mostrar esa emoción, esa pasión del músico,
del cantante cuya vida es eso. Alguien dice: “Me casé con la orquesta”. Sólo se
habla de eso. De esa pasión arrolladora por el tango. Que no es transmisible
sino por esa ósmosis sustancial de aquellos que vivimos en el río de la Plata.
Los de afuera son de palo. Es decir: es una película auténtica. Hecha por
quienes saben de qué se trata el tango. No importa si son tangueros o no. Son
rioplatenses. Y eso basta. Los de afuera lo pueden ver. Los de adentro lo
sienten. Buenos Aires es retratada desde los que la viven y la aman, y no desde
los que la ven de afuera. Es una verídica Buenos Aires. Bella, ágil, intensa,
emotiva.

Santaolalla vino a reunir aquello que siempre estuvo reunido. Reunido en el
sentimiento. En la alegría y el placer que han prodigado estos músicos y
cantantes. Pocos saben quién es El Chula Clausi. O quizá ignoren que Horacio
Salgán se editó su propio libro. Sólo aquí, un grande de la música, un admirado
por Arthur Rubinstein y por grandísimos músicos también de los cultos, debe
editarse de su propio peculio su libro. No hubo universidad ni editorial alguna
que lo fuera a buscar para pedirle que escribiera antes que lo hiciera solito y
de motus propio. No hubo editorial ni distribuidora que se acercara a él. Y
mucho menos Salgán se acercó a ellos. Porque no los necesita. O quizá sí los
precisaría. Quizá si Salgán fuera europeo o yanqui sería un genio reconocido,
patrocinado, financiado, promovido. Es cierto. Pero allá no lo tienen a Salgán.
Es de aquí. Y Salgán es nuestro, con todas las dificultades de estos músicos que
jamás pensaron en terminar tocando en el Colón, pero no por eso dejaron de hacer
maravillas con su arte. Como dice Macedonio Fernández, citado en la película,
“el tango es lo único que no pedimos permiso a Europa”.

Y vino Santaolalla. Entonces, eso que no era preciso para producir arte, emoción
y talento, en esta complejísima y rica música que es el tango, él, que no era
necesario ni para Salgán, ni para Mores, ni para Clausi, ni para Baffa, ni para
Lágrima Ríos o Virginia Luque, ni para Podestá o Stampone, ni para los que están
allí ni para los que faltan... que no era esencial para la vida de ninguno de
ellos, llegó. Y sí. Después que salí del cine pensé. Santaolalla es
indispensable para esta emoción, gran emoción, enorme emoción que nos produce
ver esta película generosa, modesta, de reconocimiento a los maestros. Entonces,
la película no sólo es necesaria, sino imprescindible. Gracias Santaolalla.

Lidia Ferrari Buenos Aires, agosto 2009

"Café de los maestros", de Miguel Kohan es un documental sobre las grandes figuras del tango.
El film, reúne a 21 de los más importantes músicos y cantores del tango, hombres y mujeres cuyas edades oscilan entre los 75 y 93 años. Virginia Luque, Mariano Mores, Leopoldo Federico, Lágrima Ríos y Horacio Salgán son algunos de quienes lo protagonizan.
Gustavo Santaolalla es uno de los productores de la película junto al cineasta brasileño Walter Salles y la productora argentina Lita Stantic.




Maestro Carlos García: http://www.youtube.com/watch?v=Q3Dh16tRnU8